¿Quién recuerda a Nicolás de Piérola?

La calle Piérola esta llena de negocios y centros comerciales. Con frecuencia se abren nuevos locales, ocasionando mayor congestión peatonal y vehicular. Poco queda de centro histórico en Piérola, casonas o monumentos históricos son demolidos para dar paso a edificios modernos.

Entre todo este barullo comercial, ¿se habrá olvidado la gente de aquel personaje que da nombre a la calle donde pasan casi todo su día?; o será que nunca lo conocieron. La verdad es que se dan las dos cosas. La mayoría de vendedores de las tiendas tiene por lo menos alguna idea de quien fue Nicolás Fernández de Piérola Villena.

Los más jóvenes no tienen mucha información, pero saben que fue un presidente del Perú. Algunos incluso mencionaron una guerra y otros creían que era un general. No estaban del todo seguros pero acertaron con la guerra.

Los de mayor edad sabían más de Piérola. Mencionaron que fue Presidente en dos ocasiones, algunos lo responsabilizaron por la guerra del salitre. Otros lo calificaron de prepotente. No todos estaban correctos en sus informaciones, pero la idea principal estaba allí.

Don Nicolás, el Presidente

Nicolás de Piérola nació en Andaray en la provincia de Camana, el 5 de enero de 1839. Fue ministro de Hacienda en el gobierno de José Balta y después Presidente del Perú en dos ocasiones.

Como ministro de Hacienda negocio con el infame contrato Dreyfus, por el guano de las Islas Ballestas, contrato que después provocaría una gran crisis económica y una deuda externa casi impagable.

Su primer gobierno se dio en 1879, con el inicio de la Guerra con Chile. Piérola dio un golpe de estado al gobierno de Mariano Ignacio Prado y se alzó con el poder, en calidad de Jefe Supremo. Gobernó el país hasta que las tropas chilenas ocuparon Lima en 1881. Luego estableció su gobierno en la sierra peruana, dimitiendo en noviembre del mismo año. Su segundo mandato se inicio en 1895. Se alió con el Partido Civil y organizó partidas guerrilleras, llegando a ocupar la ciudad de Lima, y obligando a renunciar al entonces presidente Andrés Avelino Cáceres.

Siempre llego al poder de manera violenta o estrepita. Es bien sabido que tuvo un carácter autoritario y prepotente, por lo que fue apodado El Califa.

Entre sus medidas impuso un fuerte control al periodismo. Varios directores fueron apresados en los primeros días de su mandato y algunos diarios como El Comercio fueron clausurados.

Pero no todo fue represión o violencia en sus gobiernos. Entre muchas otras cosas reactivo la economía y creo una política de protección a la industria minera y agrícola nativa. Durante su segundo gobierno se crearon numerosos puestos de trabajo, y cuando falto la mano de obra, en 1899, inicio la inmigración de trabajadores japoneses, aunque bajo circunstancias dudosas.

Además creo la Escuela Militar de Chorrillos, el Código de Justicia Militar e impuso el servicio militar obligatorio. Y tuvo momentos de gran humanidad, como cuando la ciudad de Guayaquil se incendio completamente en 1896, y Piérola mando el crucero Lima con ayuda para los hermanos ecuatorianos.

Lado oculto

Existen varios episodios en la vida de Piérola que no muchos conocen. Uno de ellos es su relación amorosa con la viuda del famoso fotógrafo francés Gerraud, Marie Cristine. Muchos historiadores han pasado este hecho por alto, pero en la época era bien conocido y repudiado.

El poeta Martin Hidalgo, arequipeño como Piérola, escribió indignado: “De pronto, un buen día, la Patria tuvo una rival: era una francesa… En plena guerra con Chile, en la triste guerra del 79, su querida almorzaba y comía con champaña mientras los soldados que peleaban por el honor y el interés de la nación no tenían ni agua para beber”.

Otra faceta no muy conocida de Piérola, era la de masón. Fue uno de los muchos presidentes masones que tuvo el Perú, incluyendo a José de San Martin, Simón Bolívar y Augusto B. Leguía. Incluso, en nuestra ciudad, una de las Logias Masónicas lleva su nombre: R:.L:.S:. Nicolás de Piérola N° 20.

Conmemoración

La memoria de Piérola ha sido ampliamente homenajeada. En nuestra ciudad, calles, instituciones y hasta un complejo habitacional llevan su nombre. Pero son sus acciones y reformas las que no se recuerdan, y así Nicolás de Piérola va pasando lentamente al olvido.